Friday, 10 July 2026

UN SABIO CONSEJO: OJO -_ OIDO AL TAMBOR.-. ALERTA-.- (una opinión)

 Igualmente no me cansaré de repetir, que es imprescindible que la señora MCM se deslastre de las sabandijas de Leopoldo López, Henry Ramos, Ledezma, J. BorG(es y todos los demás alacranes, para que no le vaya a pasar lo que le pasó a Irene Sáez, quien habiendo llegado a la cúspide de su carrera política, por su espectacular gestión como Alcaldesa de Chacao y liderando las encuestas como la candidata principal para ganar las elecciones de 1.999, perdió las mismas, por aceptar que Copey la apoyara y no fue que esos votos fueran para Chávez, sino que el desencanto se tradujo en un 40% de abstención aproximadamente 


TOMAR CONCIENCIA DE LA REALIDAD VENEZOLANA

  EL NACIONAL https://share.google/RtXwdni1ERpodPQpm


 Definitivamente, mientras no tomemos conciencia de la verdadera realidad que estamos viviendo en Venezuela y actuemos en consecuencia, nunca tendremos una democracia en la que se respeten los principios morales de convivencia social ni el Estado de Derecho.
En efecto, es inconcebible que académicos, decanos y demás ilustres juristas, estén opinando que el tres de julio se debe declarar la Ausencia Absoluta de Maduro y por lo tanto, convocar a unas elecciones, cuando Maduro nunca fue presidente de Venezuela, porque además de que fueron unas elecciones fraudulentas, él como colombiano nunca podría optar a ese cargo.
Asimismo, es insólito e inaceptable desde todo punto de vista, que se esté negociando con los criminales del régimen, como si fueran unos legítimos representantes de una transición democrática, ya que además de destruir nuestro país y cometer los delitos de corrupción y de asesinar a decenas de miles de hermanos venezolanos y que todavía tienen a muchos de ellos en sus ergástulas; y es increíble igualmente, que nos estén manipulando los políticos y los analistas y periodistas políticos esta realidad, es decir, que fuimos un país secuestrado por las mafias del crimen organizado de cuba, china, rusa e iraní y que los hermanos Rodriguez, Cabello y demás representantes de esas organizaciones terroristas, no pueden bajo ningún concepto quienes dirijan la transición y asimismo, hay que recordarles a los “representantes de la oposición”, que es una inmoralidad inexcusable participar en negociaciones con asesinos de esa calaña
Las verdaderas transiciones que lograron futuro positivo para sus naciones y de paso para el resto del mundo, nunca participaron los criminales que las ocasionaron. En Alemania lo primero que hicieron fue poner presos a los criminales nazistas y no solo no permitieron a los nazis su participación, sino que además de está prohibido de por vida el nazismo en su país e inmediatamente se construyó el 28/11/1945 el Juicio de Nuremberg; y Franklin D. Roosevelt, encargó a su gobierno diseñar la estrategia legal para llevar a los criminales ante la justicia, labor que fue estructurada y liderada legalmente por el fiscal estadounidense Robert Jackson. Asimismo, sucedió bajo otras circunstancias en Japón, Italia y Corea del Sur 

LA ORACION TRANSFORMA EL CEREBRO (CIENCIA) ORAR CON FE SANA

  https://youtube.com/shorts/tZXM_L60GQQ?si=03MydNIz-k0viCHq

 








UN COMENTARIO MUY AJUSTADO A UNA TRISTE REALIDAD ACTUAL

 Fuente: EL NACIONAL https://share.google/DarNykxU57Vh 

Nunca me cansaré de repetir que solo lograremos nuestra Libertad, cuando comprendamos que el Fin no justifica los medios, es decir, cuando  aprendamos que los Principios Morales, son la verdadera esencia que producen las leyes de la convivencia social de un conglomerado humano, razón esta que nos lleva a reflexionar y a rechazar ab initio, que los asesinos del régimen participen en unas negociaciones de reinstitunalización, reconciliación, en elecciones presidenciales y parlamentarias, así como también, que traidores como Leopoldo López, Henry Ramos, Juan Guaidó, Julio Borges, Rosales y otros de ese mismo combo, se les impidasu participación en las mismas.

: 👆En muy pocas palabras, lo primero que hay que hacer con los asesinos del régimen y con los traidores cómplices de esos corruptos delincuentes es llevarlos a la Jurisdicción Universal, para que sean condenados por los crímenes de lesa humanidad que cometieron
[ En estos aciagos y trágicos momentos que estamos viviendo, los cuales nos han puesto a prueba y a meditar a  muchos abogados, sobre como ayudar a los prisioneros políticos (rehenes), lo que jurídicamente es imposible hacer, debido a que el sistema judicial está diseñado y a la orden  del régimen opresor; y lo único que se puede hacer, es lo que está haciendo heroicamente el Foro Penal, creo que lo que podemos hacer, es promover la creación de un Fondo de Compensación de ayuda económica para los presos políticos, para que puedan reintegrarse dignamente a sus labores cotidianas y así lograr resarcir las pérdidas que injusta y criminalmente les ocasionaron. 

El dinero para crear ese Fondo, se obtendría de lo robado por los asesinos del régimen y de sus secuaces 

La Importancia del Significado de las Palbras

  Fuente: EL NACIONAL https://share.google/DquGvYf7aYsKAPleB

 👆La Importancia del Significado de las Palbras


Las palabras, además de estructurar y ordenar nuestras esenciales y necesarias comunicaciones, nos enseñan a entender las realidades y el proceder de las acciones que ejecutamos, en base a los conceptos que nos formamos a consecuencia de las mismas, en virtud que moldean nuestra forma de pensar y de crear los principios morales, que son la verdadera esencia de producción de normas de las leyes de convivencia social del conglomerado humano. Todo lo cual, redunda en una transmisión de conocimientos que garantiza una evolución educativa, que facilita obviamente, la solución de conflictos.
Ahora bien, asimismo, las palabras pueden inspirar, motivar y movilizar masas, manipular opiniones y dirigir voluntades políticas o comerciales; e implicaciones legales y éticas contradictorias, ya que se debe precisar  correctamente su semántica y así obtener una insustituible hermenéutica, debido a que una sola palabra malinterpretada en un contrato o ley puede cambiar sentencias, derechos y obligaciones.
Basados en esta introducción, tenemos que llegar indefectiblemente a la conclusión de la importancia de las palabras, para llegar al verdadero concepto de un problema  o de analizar cualquier circunstancia o tragedia que estemos viviendo.
Por ejemplo:¿Como definiríamos la situación de Venezuela a partir de Chavez?La respuesta es muy sencilla: desde esa época hemos estado secuestrados por las mafias chinas, rusas, iraníes  y cubanas del crimen organizado internacional, representados por Chavez Maduro y sus ad lateres, ya  que un dictador es diferente, llámese Pinochet, Gómez, etc., ellos tenían sus criminales policías represivas, pero aquí tenemos a las de los asesinos del régimen, a los colectivos, al Hezbolá, al ELN y a las Farc, por lo cual es inconcebible e inaceptable desde todo punto de vista, que se vaya a negociar con los criminales que nos han asesinado y torturado desde hace 27 años y mucho menos legitimarlos al aceptar que vayan a ir a unas “elecciones democráticas” con esas alimañas 

" Mister President: No sume toneladas a la desgracia” : Soledad Morillo Belloso

 Mister President: No sume toneladas a la desgracia”

Soledad Morillo Belloso

Me controlo. Pero el control, a estas alturas, es como intentar sostener agua entre los dedos: se escurre, se rebela, se burla de mí. No hay un solo milímetro de mi cuerpo —ni de mi piel, ni de mis huesos, ni de esa zona secreta donde uno guarda lo que ama y lo que teme— que no duela. Todo está en indignación, en incendio, en ese temblor que no se ve pero que te desordena por dentro.

Tengo setenta años. He visto deslaves que parecían bestias bajando de la montaña con hambre de pueblo. He visto ríos crecer como si recordaran que eran dioses. He visto casas abrirse como libros rotos después de un terremoto. He visto madres buscando hijos entre barro, hombres cargando ancianos, comunidades reconstruyéndose con las uñas. Tragedias que marcaron generaciones y se volvieron cicatrices en la memoria nacional.

Pero jamás había visto un desastre donde el Estado se evaporara así, con esta frialdad que corta, con esta cobardía que ofende, con esta ausencia que pesa más que los escombros. Una cosa es la fuerza de la naturaleza. Otra es la renuncia del poder, el abandono deliberado, la indiferencia que se siente como una bofetada en pleno duelo. El Estado, que debería ser puente y refugio, se volvió sombra que se retira, que se esconde, que deja al pueblo desnudo. O que, peor, llega a impedir, a saquear. Como si en medio del derrumbe alguien hubiera apagado la luz y cerrado la puerta por dentro. Como si el país entero hubiera quedado huérfano.

Que no debe sorprendernos, me dicen. Y es cierto. Pero esa certeza duele más. Porque esto es la crónica de una tragedia anunciada. No es un rayo en cielo despejado. Es el resultado de años en los que fuimos escribiendo advertencias como quien deja migas de pan en un bosque que se está quemando.

Años alertando que estaban carcomiendo al Estado como termitas que trabajan de noche, silenciosas, invisibles. Años diciendo que cada institución se volvía cascarón, que cada estructura se vaciaba, que cada ministerio era ya sólo un nombre pintado en una puerta oxidada. Años viendo cómo el Estado se convertía en una fachada sostenida por alambres, una maqueta mal hecha que apenas servía para posar en cámara.

La carcoma no empezó ayer. Empezó cuando confundieron poder con propiedad. Cuando el Estado dejó de ser casa común y pasó a ser botín. Cuando la burocracia se volvió pantano donde todo se hunde: eficiencia, responsabilidad, urgencia, vida misma. Y nosotros insistimos. Escribimos. Gritamos. Documentamos. Dijimos que estaban desmontando las vigas maestras, serruchando las columnas, dejando al país sin huesos.

Y ahora, en medio del desastre, todo eso sale a flote. Porque lo que se cayó no fue sólo tierra, edificios o carreteras. Lo que se cayó fue el Estado mismo, ese que debería haber estado ahí, firme, respirando junto al pueblo. Pero no estaba. No está. Y no estará mientras sigan gobernando desde la soberbia y el afán de lucro delincuencial e inmoral.

Mister President Trump: se lo digo sin rodeos. No sume toneladas a la tragedia. No convierta un país herido en un país aplastado. No añada peso donde ya no queda aire.

Escuche a quienes están tratando de explicarle: a los técnicos que conocen la tierra, a los rescatistas que saben dónde está la vida, a los expertos que llevan años advirtiendo que el Estado venezolano estaba siendo carcomido desde adentro. Escuche a los estrategas que intentan explicarle que el escenario cambió y que su plan de tres fases no va más.

Lo que hoy vemos no es sorpresa. Es la consecuencia de una demolición lenta, metódica, anunciada. Y usted tiene en sus manos la posibilidad de no empeorar lo insoportable. No convierta la tragedia en espectáculo. No la use como moneda política. El tablero cambió.

Se lo digo con la voz de quien ha visto demasiados desastres y negligencias: no sume toneladas a la desgracia.

La emergencia revela (Soledad Morillo Belloso)

 La emergencia revela

Soledad Morillo Belloso

El país con el alma suspendida, como si respirara a medias. El polvo en el aire insiste en recordar nuestra fragilidad. Y hay una palabra que debería caer como un látigo moral sobre quienes gobiernan: humildad. No la humildad de micrófono y protocolo —esa que se evapora apenas se apagan las cámaras— sino la verdadera, la que obliga a mirar de frente lo que se hizo mal, lo que no se hizo y lo que se fingió haber hecho.

Un terremoto no sólo quiebra estructuras: quiebra ficciones.
Desnuda la irresponsabilidad de un Estado que durante años prefirió la épica a la ingeniería, la propaganda a la prevención, el aplauso a la auditoría. Cuando la tierra se abre, ninguna narrativa tapa la grieta. Ninguna declaración sostiene un edificio mal construido. Ninguna consigna reemplaza un plan serio de gestión de riesgos. Ningún eslogan disimula el abandono de la buena administración pública.

La naturaleza no pide permiso. Actúa. Se impone. Y nos recuerda, sin delicadeza, cuán pequeños somos frente a su fuerza.

La primera reacción de un gobierno debería ser la más simple y la más difícil: bajar la cabeza. Dejar la pedantería de los palacios. Admitir que no estaba preparado. Porque la tragedia no es obra exclusiva del terremoto: es obra de la negligencia acumulada. La gente no necesita partes oficiales que maquillan. Necesita instituciones que funcionen. Y aceptar la propia debilidad —pedir ayuda en dirección y ejecución— es el mínimo acto de responsabilidad.

La soberbia en medio del desastre es obscena. La arrogancia, cuando hay muertos, desaparecidos y familias durmiendo en plazas, es una forma de crueldad. La humildad es la única postura decente: escuchar a los expertos, abrir las puertas a quienes saben, dejar de lado el cálculo político, permitir que la verdad —esa palabra que tanto incomoda al poder— circule sin maquillaje.

Humildad para rectificar.
Humildad para reparar.
Humildad para reconstruir sin mentiras.

Un país herido no se levanta con discursos. Las palabras se las lleva el viento. Y la realidad, que es implacable, se impone. La verdad es una: el gobierno le falló a su gente. Incapaz. Incompetente. Gobernar en tiempos de catástrofe no es mandar: es servir. Y el primer acto de servicio es reconocer los propios límites.

El que no suma, sobra.

La gente tiene una altura que el gobierno no alcanza. Y cuidado con creer que eso es normal. Cuando el Estado y el Gobierno fallan, hacen daño. A veces más daño que la naturaleza feroz.

No existe un venezolano más importante que otro. Pero un buen gerente de riesgos —uno real, no de tarima— sabe marcar prioridades sin titubear. Tres horas le han debido bastar a un gobierno que presume tanto para llegar a La Guaira, para estar allí donde la vida se volvió escombro. Pero no. La ausencia de los organismos de ayuda fue indisimulable, casi insolente: una ausencia institucional que pesó más que el terremoto mismo, una demora que dejó claro que la soberbia también mata. Dejaron a los ciudadanos actuar por su cuenta. Y hubo, y hay, héroes. Qué malo es necesitar héroes. Qué bueno tenerlos cuando hacen falta. Los rescatistas, trabajando con las uñas, son eso: héroes.

Una toma se filtra en las redes. Y yo, que poco gasto energía en la comunicación no profesional, la veo: unos uniformados en moto, cargando una caja de algún aparato que nada tiene que ver con rescate. Uniformados riendo. Uniformados que deberían estar en labores de salvamento prefieren aprovechar el descalabro. Los imagino llegando a su casa diciendo, sonriendo: “Mira, mi amor, lo que te traje”.

El país está hoy en modo rescate.
Cuando la tierra ruge, la ciudadanía —esa que nunca sale en cadena nacional— entiende sin que nadie le explique. Da lo que no le sobra, comparte lo que necesita, se organiza sin esperar instrucciones. Se crece. Siempre se crece. Es la parte más luminosa de nuestra tragedia.

Llega la ayuda internacional. En silencio primero, como quien entra a una casa donde todavía huele a susto. Después, con ese ruido particular de los que saben lo que hacen: botas que pisan firme, manos que no tiemblan, miradas que ya han visto demasiado y aun así siguen buscando dónde poner la vida a salvo.

No es sólo comida por toneladas ni líneas de crédito que algún ministro anuncia con voz engolada. Eso sirve, claro, pero no alcanza. Lo que llega ahora es otra cosa: la pericia. La ciencia del desastre. La gente que entiende que una tragedia no se improvisa, se gestiona.

Vienen los que saben leer grietas como si fueran mapas. Los que distinguen el silencio de la muerte del silencio de la esperanza. Los que montan un hospital en un estacionamiento y lo hacen funcionar. Los que no necesitan discursos porque ya traen el método tatuado en la piel.

Y uno mira ese desembarco y respira un poco mejor. Porque hay momentos en que un país, por más orgullo que tenga, necesita que alguien le sostenga el pulso. Que le diga dónde está el norte cuando todo se volvió polvo. Que le recuerde que la vida, incluso así, insiste.

Pero después vendrá el otro tiempo.
El tiempo incómodo. El tiempo que muchos van a querer esquivar. El tiempo de la reflexión. Ese momento en que habrá que mirar, sin maquillaje ni excusas, qué se hizo mal, qué se dejó pudrir, qué se permitió por cansancio o por miedo. Habrá que limpiar el país de pretextos, de esa costra de justificaciones que durante años sirvió para tapar negligencias, improvisaciones y cinismos.

La emergencia revela; la reflexión desnuda. Y un país que quiere levantarse no puede seguir cargando con ficciones.