Friday, 10 July 2026

UN SABIO CONSEJO: OJO -_ OIDO AL TAMBOR.-. ALERTA-.- (una opinión)

 Igualmente no me cansaré de repetir, que es imprescindible que la señora MCM se deslastre de las sabandijas de Leopoldo López, Henry Ramos, Ledezma, J. BorG(es y todos los demás alacranes, para que no le vaya a pasar lo que le pasó a Irene Sáez, quien habiendo llegado a la cúspide de su carrera política, por su espectacular gestión como Alcaldesa de Chacao y liderando las encuestas como la candidata principal para ganar las elecciones de 1.999, perdió las mismas, por aceptar que Copey la apoyara y no fue que esos votos fueran para Chávez, sino que el desencanto se tradujo en un 40% de abstención aproximadamente 


TOMAR CONCIENCIA DE LA REALIDAD VENEZOLANA

  EL NACIONAL https://share.google/RtXwdni1ERpodPQpm


 Definitivamente, mientras no tomemos conciencia de la verdadera realidad que estamos viviendo en Venezuela y actuemos en consecuencia, nunca tendremos una democracia en la que se respeten los principios morales de convivencia social ni el Estado de Derecho.
En efecto, es inconcebible que académicos, decanos y demás ilustres juristas, estén opinando que el tres de julio se debe declarar la Ausencia Absoluta de Maduro y por lo tanto, convocar a unas elecciones, cuando Maduro nunca fue presidente de Venezuela, porque además de que fueron unas elecciones fraudulentas, él como colombiano nunca podría optar a ese cargo.
Asimismo, es insólito e inaceptable desde todo punto de vista, que se esté negociando con los criminales del régimen, como si fueran unos legítimos representantes de una transición democrática, ya que además de destruir nuestro país y cometer los delitos de corrupción y de asesinar a decenas de miles de hermanos venezolanos y que todavía tienen a muchos de ellos en sus ergástulas; y es increíble igualmente, que nos estén manipulando los políticos y los analistas y periodistas políticos esta realidad, es decir, que fuimos un país secuestrado por las mafias del crimen organizado de cuba, china, rusa e iraní y que los hermanos Rodriguez, Cabello y demás representantes de esas organizaciones terroristas, no pueden bajo ningún concepto quienes dirijan la transición y asimismo, hay que recordarles a los “representantes de la oposición”, que es una inmoralidad inexcusable participar en negociaciones con asesinos de esa calaña
Las verdaderas transiciones que lograron futuro positivo para sus naciones y de paso para el resto del mundo, nunca participaron los criminales que las ocasionaron. En Alemania lo primero que hicieron fue poner presos a los criminales nazistas y no solo no permitieron a los nazis su participación, sino que además de está prohibido de por vida el nazismo en su país e inmediatamente se construyó el 28/11/1945 el Juicio de Nuremberg; y Franklin D. Roosevelt, encargó a su gobierno diseñar la estrategia legal para llevar a los criminales ante la justicia, labor que fue estructurada y liderada legalmente por el fiscal estadounidense Robert Jackson. Asimismo, sucedió bajo otras circunstancias en Japón, Italia y Corea del Sur 

LA ORACION TRANSFORMA EL CEREBRO (CIENCIA) ORAR CON FE SANA

  https://youtube.com/shorts/tZXM_L60GQQ?si=03MydNIz-k0viCHq

 








UN COMENTARIO MUY AJUSTADO A UNA TRISTE REALIDAD ACTUAL

 Fuente: EL NACIONAL https://share.google/DarNykxU57Vh 

Nunca me cansaré de repetir que solo lograremos nuestra Libertad, cuando comprendamos que el Fin no justifica los medios, es decir, cuando  aprendamos que los Principios Morales, son la verdadera esencia que producen las leyes de la convivencia social de un conglomerado humano, razón esta que nos lleva a reflexionar y a rechazar ab initio, que los asesinos del régimen participen en unas negociaciones de reinstitunalización, reconciliación, en elecciones presidenciales y parlamentarias, así como también, que traidores como Leopoldo López, Henry Ramos, Juan Guaidó, Julio Borges, Rosales y otros de ese mismo combo, se les impidasu participación en las mismas.

: 👆En muy pocas palabras, lo primero que hay que hacer con los asesinos del régimen y con los traidores cómplices de esos corruptos delincuentes es llevarlos a la Jurisdicción Universal, para que sean condenados por los crímenes de lesa humanidad que cometieron
[ En estos aciagos y trágicos momentos que estamos viviendo, los cuales nos han puesto a prueba y a meditar a  muchos abogados, sobre como ayudar a los prisioneros políticos (rehenes), lo que jurídicamente es imposible hacer, debido a que el sistema judicial está diseñado y a la orden  del régimen opresor; y lo único que se puede hacer, es lo que está haciendo heroicamente el Foro Penal, creo que lo que podemos hacer, es promover la creación de un Fondo de Compensación de ayuda económica para los presos políticos, para que puedan reintegrarse dignamente a sus labores cotidianas y así lograr resarcir las pérdidas que injusta y criminalmente les ocasionaron. 

El dinero para crear ese Fondo, se obtendría de lo robado por los asesinos del régimen y de sus secuaces 

La Importancia del Significado de las Palbras

  Fuente: EL NACIONAL https://share.google/DquGvYf7aYsKAPleB

 👆La Importancia del Significado de las Palbras


Las palabras, además de estructurar y ordenar nuestras esenciales y necesarias comunicaciones, nos enseñan a entender las realidades y el proceder de las acciones que ejecutamos, en base a los conceptos que nos formamos a consecuencia de las mismas, en virtud que moldean nuestra forma de pensar y de crear los principios morales, que son la verdadera esencia de producción de normas de las leyes de convivencia social del conglomerado humano. Todo lo cual, redunda en una transmisión de conocimientos que garantiza una evolución educativa, que facilita obviamente, la solución de conflictos.
Ahora bien, asimismo, las palabras pueden inspirar, motivar y movilizar masas, manipular opiniones y dirigir voluntades políticas o comerciales; e implicaciones legales y éticas contradictorias, ya que se debe precisar  correctamente su semántica y así obtener una insustituible hermenéutica, debido a que una sola palabra malinterpretada en un contrato o ley puede cambiar sentencias, derechos y obligaciones.
Basados en esta introducción, tenemos que llegar indefectiblemente a la conclusión de la importancia de las palabras, para llegar al verdadero concepto de un problema  o de analizar cualquier circunstancia o tragedia que estemos viviendo.
Por ejemplo:¿Como definiríamos la situación de Venezuela a partir de Chavez?La respuesta es muy sencilla: desde esa época hemos estado secuestrados por las mafias chinas, rusas, iraníes  y cubanas del crimen organizado internacional, representados por Chavez Maduro y sus ad lateres, ya  que un dictador es diferente, llámese Pinochet, Gómez, etc., ellos tenían sus criminales policías represivas, pero aquí tenemos a las de los asesinos del régimen, a los colectivos, al Hezbolá, al ELN y a las Farc, por lo cual es inconcebible e inaceptable desde todo punto de vista, que se vaya a negociar con los criminales que nos han asesinado y torturado desde hace 27 años y mucho menos legitimarlos al aceptar que vayan a ir a unas “elecciones democráticas” con esas alimañas 

" Mister President: No sume toneladas a la desgracia” : Soledad Morillo Belloso

 Mister President: No sume toneladas a la desgracia”

Soledad Morillo Belloso

Me controlo. Pero el control, a estas alturas, es como intentar sostener agua entre los dedos: se escurre, se rebela, se burla de mí. No hay un solo milímetro de mi cuerpo —ni de mi piel, ni de mis huesos, ni de esa zona secreta donde uno guarda lo que ama y lo que teme— que no duela. Todo está en indignación, en incendio, en ese temblor que no se ve pero que te desordena por dentro.

Tengo setenta años. He visto deslaves que parecían bestias bajando de la montaña con hambre de pueblo. He visto ríos crecer como si recordaran que eran dioses. He visto casas abrirse como libros rotos después de un terremoto. He visto madres buscando hijos entre barro, hombres cargando ancianos, comunidades reconstruyéndose con las uñas. Tragedias que marcaron generaciones y se volvieron cicatrices en la memoria nacional.

Pero jamás había visto un desastre donde el Estado se evaporara así, con esta frialdad que corta, con esta cobardía que ofende, con esta ausencia que pesa más que los escombros. Una cosa es la fuerza de la naturaleza. Otra es la renuncia del poder, el abandono deliberado, la indiferencia que se siente como una bofetada en pleno duelo. El Estado, que debería ser puente y refugio, se volvió sombra que se retira, que se esconde, que deja al pueblo desnudo. O que, peor, llega a impedir, a saquear. Como si en medio del derrumbe alguien hubiera apagado la luz y cerrado la puerta por dentro. Como si el país entero hubiera quedado huérfano.

Que no debe sorprendernos, me dicen. Y es cierto. Pero esa certeza duele más. Porque esto es la crónica de una tragedia anunciada. No es un rayo en cielo despejado. Es el resultado de años en los que fuimos escribiendo advertencias como quien deja migas de pan en un bosque que se está quemando.

Años alertando que estaban carcomiendo al Estado como termitas que trabajan de noche, silenciosas, invisibles. Años diciendo que cada institución se volvía cascarón, que cada estructura se vaciaba, que cada ministerio era ya sólo un nombre pintado en una puerta oxidada. Años viendo cómo el Estado se convertía en una fachada sostenida por alambres, una maqueta mal hecha que apenas servía para posar en cámara.

La carcoma no empezó ayer. Empezó cuando confundieron poder con propiedad. Cuando el Estado dejó de ser casa común y pasó a ser botín. Cuando la burocracia se volvió pantano donde todo se hunde: eficiencia, responsabilidad, urgencia, vida misma. Y nosotros insistimos. Escribimos. Gritamos. Documentamos. Dijimos que estaban desmontando las vigas maestras, serruchando las columnas, dejando al país sin huesos.

Y ahora, en medio del desastre, todo eso sale a flote. Porque lo que se cayó no fue sólo tierra, edificios o carreteras. Lo que se cayó fue el Estado mismo, ese que debería haber estado ahí, firme, respirando junto al pueblo. Pero no estaba. No está. Y no estará mientras sigan gobernando desde la soberbia y el afán de lucro delincuencial e inmoral.

Mister President Trump: se lo digo sin rodeos. No sume toneladas a la tragedia. No convierta un país herido en un país aplastado. No añada peso donde ya no queda aire.

Escuche a quienes están tratando de explicarle: a los técnicos que conocen la tierra, a los rescatistas que saben dónde está la vida, a los expertos que llevan años advirtiendo que el Estado venezolano estaba siendo carcomido desde adentro. Escuche a los estrategas que intentan explicarle que el escenario cambió y que su plan de tres fases no va más.

Lo que hoy vemos no es sorpresa. Es la consecuencia de una demolición lenta, metódica, anunciada. Y usted tiene en sus manos la posibilidad de no empeorar lo insoportable. No convierta la tragedia en espectáculo. No la use como moneda política. El tablero cambió.

Se lo digo con la voz de quien ha visto demasiados desastres y negligencias: no sume toneladas a la desgracia.

La emergencia revela (Soledad Morillo Belloso)

 La emergencia revela

Soledad Morillo Belloso

El país con el alma suspendida, como si respirara a medias. El polvo en el aire insiste en recordar nuestra fragilidad. Y hay una palabra que debería caer como un látigo moral sobre quienes gobiernan: humildad. No la humildad de micrófono y protocolo —esa que se evapora apenas se apagan las cámaras— sino la verdadera, la que obliga a mirar de frente lo que se hizo mal, lo que no se hizo y lo que se fingió haber hecho.

Un terremoto no sólo quiebra estructuras: quiebra ficciones.
Desnuda la irresponsabilidad de un Estado que durante años prefirió la épica a la ingeniería, la propaganda a la prevención, el aplauso a la auditoría. Cuando la tierra se abre, ninguna narrativa tapa la grieta. Ninguna declaración sostiene un edificio mal construido. Ninguna consigna reemplaza un plan serio de gestión de riesgos. Ningún eslogan disimula el abandono de la buena administración pública.

La naturaleza no pide permiso. Actúa. Se impone. Y nos recuerda, sin delicadeza, cuán pequeños somos frente a su fuerza.

La primera reacción de un gobierno debería ser la más simple y la más difícil: bajar la cabeza. Dejar la pedantería de los palacios. Admitir que no estaba preparado. Porque la tragedia no es obra exclusiva del terremoto: es obra de la negligencia acumulada. La gente no necesita partes oficiales que maquillan. Necesita instituciones que funcionen. Y aceptar la propia debilidad —pedir ayuda en dirección y ejecución— es el mínimo acto de responsabilidad.

La soberbia en medio del desastre es obscena. La arrogancia, cuando hay muertos, desaparecidos y familias durmiendo en plazas, es una forma de crueldad. La humildad es la única postura decente: escuchar a los expertos, abrir las puertas a quienes saben, dejar de lado el cálculo político, permitir que la verdad —esa palabra que tanto incomoda al poder— circule sin maquillaje.

Humildad para rectificar.
Humildad para reparar.
Humildad para reconstruir sin mentiras.

Un país herido no se levanta con discursos. Las palabras se las lleva el viento. Y la realidad, que es implacable, se impone. La verdad es una: el gobierno le falló a su gente. Incapaz. Incompetente. Gobernar en tiempos de catástrofe no es mandar: es servir. Y el primer acto de servicio es reconocer los propios límites.

El que no suma, sobra.

La gente tiene una altura que el gobierno no alcanza. Y cuidado con creer que eso es normal. Cuando el Estado y el Gobierno fallan, hacen daño. A veces más daño que la naturaleza feroz.

No existe un venezolano más importante que otro. Pero un buen gerente de riesgos —uno real, no de tarima— sabe marcar prioridades sin titubear. Tres horas le han debido bastar a un gobierno que presume tanto para llegar a La Guaira, para estar allí donde la vida se volvió escombro. Pero no. La ausencia de los organismos de ayuda fue indisimulable, casi insolente: una ausencia institucional que pesó más que el terremoto mismo, una demora que dejó claro que la soberbia también mata. Dejaron a los ciudadanos actuar por su cuenta. Y hubo, y hay, héroes. Qué malo es necesitar héroes. Qué bueno tenerlos cuando hacen falta. Los rescatistas, trabajando con las uñas, son eso: héroes.

Una toma se filtra en las redes. Y yo, que poco gasto energía en la comunicación no profesional, la veo: unos uniformados en moto, cargando una caja de algún aparato que nada tiene que ver con rescate. Uniformados riendo. Uniformados que deberían estar en labores de salvamento prefieren aprovechar el descalabro. Los imagino llegando a su casa diciendo, sonriendo: “Mira, mi amor, lo que te traje”.

El país está hoy en modo rescate.
Cuando la tierra ruge, la ciudadanía —esa que nunca sale en cadena nacional— entiende sin que nadie le explique. Da lo que no le sobra, comparte lo que necesita, se organiza sin esperar instrucciones. Se crece. Siempre se crece. Es la parte más luminosa de nuestra tragedia.

Llega la ayuda internacional. En silencio primero, como quien entra a una casa donde todavía huele a susto. Después, con ese ruido particular de los que saben lo que hacen: botas que pisan firme, manos que no tiemblan, miradas que ya han visto demasiado y aun así siguen buscando dónde poner la vida a salvo.

No es sólo comida por toneladas ni líneas de crédito que algún ministro anuncia con voz engolada. Eso sirve, claro, pero no alcanza. Lo que llega ahora es otra cosa: la pericia. La ciencia del desastre. La gente que entiende que una tragedia no se improvisa, se gestiona.

Vienen los que saben leer grietas como si fueran mapas. Los que distinguen el silencio de la muerte del silencio de la esperanza. Los que montan un hospital en un estacionamiento y lo hacen funcionar. Los que no necesitan discursos porque ya traen el método tatuado en la piel.

Y uno mira ese desembarco y respira un poco mejor. Porque hay momentos en que un país, por más orgullo que tenga, necesita que alguien le sostenga el pulso. Que le diga dónde está el norte cuando todo se volvió polvo. Que le recuerde que la vida, incluso así, insiste.

Pero después vendrá el otro tiempo.
El tiempo incómodo. El tiempo que muchos van a querer esquivar. El tiempo de la reflexión. Ese momento en que habrá que mirar, sin maquillaje ni excusas, qué se hizo mal, qué se dejó pudrir, qué se permitió por cansancio o por miedo. Habrá que limpiar el país de pretextos, de esa costra de justificaciones que durante años sirvió para tapar negligencias, improvisaciones y cinismos.

La emergencia revela; la reflexión desnuda. Y un país que quiere levantarse no puede seguir cargando con ficciones.

 

COMENTARIOS SOBRE LA SITUACION ACTUAL DE VENEZUELA QUE INVOLUCRA A LA ACTUACION DE USA



Durante estos meses muchos aceptamos —y en mi caso, incluso defendí— la idea de que existía una estrategia gradual. El plan de “tres fases” anunciado por el secretario de Estado que buscaba desmontar, paso a paso, la estructura del chavismo mientras se construían condiciones para una transición democrática. Pero el 24 de junio cambió el país. Los terremotos rompieron ese esquema de la misma manera en que rompieron miles de edificios en Caracas y en el estado Vargas.

Desde el 24 de junio ya no discutimos únicamente quién debe gobernar Venezuela. Discutimos quién puede hacerlo. Hay una diferencia enorme entre ambas preguntas. La primera pertenece al terreno de la legitimidad democrática. La segunda pertenece al terreno de la capacidad estatal y, en este momento, de la supervivencia nacional. Los terremotos respondieron brutalmente esa segunda pregunta y la primera ya había sido respondida hace bastante tiempo (en 2023 y en 2024).

La discusión dejó de ser exclusivamente política. Ya no estamos hablando únicamente de cuándo deben celebrarse determinadas elecciones. Estamos hablando de quién tiene la capacidad de conducir a un país devastado, de coordinar su reconstrucción y, sobre todo, de proteger la vida de millones de venezolanos. Eso cambia completamente la ecuación.

Quiero ser absolutamente claro. Esto no se trata de @MariaCorinaYA como persona. Se trata de lo que ella representa porque así lo hemos decidido los venezolanos.

Ella no es la principal dirigente política del país porque lo haya decretado ningún gobierno extranjero, ningún organismo internacional o ningún partido. Lo es porque la inmensa mayoría de los venezolanos, dentro y fuera de nuestras fronteras, le otorgó esa legitimidad. Y el liderazgo, en una catástrofe nacional, deja de ser un asunto partidista para convertirse en una necesidad pública.

Por eso la pregunta no va dirigida a Delcy Rodríguez. La respuesta de la tiranía es perfectamente comprensible dentro de su propia lógica de supervivencia estalinista. Jorge Rodríguez, Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello saben que su permanencia depende del miedo (que cada día es menor). Y saben también que la presencia de María Corina Machado en Venezuela representa exactamente lo contrario: organización, esperanza, coordinación y la posibilidad de que una sociedad profundamente golpeada vuelva a reconocerse alrededor de un liderazgo legítimo.

No espero otra conducta de ellos.

La pregunta es para Washington. Es para @marcorubio. Es para @realDonaldTrump. Es para @usembassyve. Si Estados Unidos continúa ejerciendo una influencia determinante sobre el rumbo de la transición venezolana, ¿por qué impedir o aceptar que la dirigente con mayor legitimidad del país permanezca fuera precisamente cuando Venezuela más la necesita? ¿Qué interés estratégico puede justificar semejante decisión después de lo que acabamos de vivir?

Escuché con atención el mensaje que María Corina envió desde Panamá. Hubo una frase que resume perfectamente el momento que atravesamos: «Esto no se trata de mí». Tiene razón. No se trata de ella. Se trata de un país entero que necesita reencontrarse. Se trata de miles de venezolanos de la diáspora que quieren regresar para ayudar. Se trata de médicos, ingenieros, rescatistas, empresarios, voluntarios y familias que necesitan una conducción capaz de organizar el inmenso esfuerzo de reconstrucción que tenemos por delante.

Toda gran tragedia nacional necesita liderazgo. No para sustituir el trabajo de los rescatistas. No para reemplazar a los ingenieros. No para cargar escombros. Sino para darle dirección a una nación que intenta ponerse nuevamente de pie.

Venezuela necesita hoy ese liderazgo. Y la inmensa mayoría de los venezolanos ya decidió quién debe ejercerlo.

Si en Washington alguien considera que la presencia de Machado sobre el terreno puede resultar «desestabilizadora», me temo que está leyendo un país que ya no existe. Porque el verdadero factor de desestabilización no es la líder legítima de los venezolanos; es una tiranía que ha demostrado, frente a la mayor tragedia natural de nuestra historia reciente, que no puede, no sabe y, lo más doloroso de admitir, tampoco quiere gobernar para proteger a su propia gente. Nos odia. Y, siendo honesto, también los odian los venezolanos a ellos. Existe una ruptura moral irreparable entre la sociedad y quienes ocupan de facto el poder.

El estallido social del que tantos hablan no ocurrirá porque María Corina vuelva a Venezuela. Podría ocurrir precisamente si el país continúa sin un horizonte político claro. Si la sociedad no encuentra una conducción capaz de canalizar institucionalmente el inmenso dolor, la frustración y la rabia acumulados durante estos días.

La forma de evitar ese escenario no consiste en mantener congelada una transición. Consiste en acelerarla. Consiste en permitir que la sociedad se organice para reconstruir el país física, económica, institucional y moralmente. Consiste en comprender que estos miserables que hoy permanecen cómodamente instalados en Miraflores ya no pueden seguir al frente de un país al que han demostrado despreciar una y otra vez.

También escucho con frecuencia que Venezuela debe proyectarse ahora como un país estabilizado y lleno de oportunidades para la inversión. Ojalá lleguemos pronto a ese escenario. Pero intentar vender hoy esa imagen ignorando la realidad que dejaron los terremotos sería un profundo error de diagnóstico.

Porque ningún inversionista serio apuesta únicamente por recursos naturales. Invierte donde existen instituciones. Donde existe seguridad jurídica. Donde existe capacidad administrativa. Donde existe un Estado capaz de responder cuando ocurre una emergencia. Y eso fue precisamente lo que esta semana quedó dramáticamente en evidencia.

Los videos de ciudadanos enfrentando a militares, las denuncias sobre obstáculos a la ayuda, el bloqueo de información y la indignación creciente de millones de venezolanos seguirán recorriendo el mundo. No hay estrategia comunicacional capaz de ocultarlo.

Y hay algo todavía más grave.

Un régimen que obstaculiza la ayuda humanitaria durante una tragedia nacional envía el peor mensaje posible a cualquier ciudadano y a cualquier inversionista: que ni siquiera frente al dolor colectivo está dispuesto a renunciar a la lógica del control criminal. Si roban comida, imagínense cómo van a robar las máquinas de empresarios.

Los venezolanos seguiremos agradeciendo el respaldo de Estados Unidos. Seguiremos considerándolo un aliado natural. Pero precisamente porque somos aliados debemos poder hablar con franqueza.

El problema nunca fue solamente Nicolás Maduro. El problema es el chavismo. El problema es Delcy Rodríguez. Es Jorge Rodríguez. Es Diosdado Cabello. Es una estructura de poder que ha demostrado durante veintisiete años que destruye todo aquello que toca y que, incluso frente a una tragedia de esta magnitud, sigue actuando como un obstáculo para su propio pueblo.

Han pasado seis meses desde el 3 de enero. Ha pasado una semana desde el 24 de junio. Cada uno de esos días ha tenido un costo humano. Y los venezolanos ya no podemos seguir esperando.

Queremos caminar junto a Estados Unidos. Queremos que siga siendo nuestro principal aliado en la recuperación de la democracia. Queremos que la reconstrucción de Venezuela sea también una historia de cooperación entre dos países que comparten valores e intereses. Pero también debemos decir con claridad que nosotros no podemos esperar indefinidamente. No podemos. Y no lo haremos.

El chavismo debe llegar a su fin.

No solamente porque destruyó la democracia. No solamente porque destruyó la economía. No solamente porque destruyó el Estado. Sino porque esta semana terminó de demostrar que también es incapaz de conducir el dolor de una nación. O, peor todavía, que lo disfruta.

Si para poner punto final a esta tragedia seguimos contando con el apoyo de nuestros aliados, estaremos profundamente agradecidos. Ojalá sea así. Si ese apoyo no alcanza o no llega con la urgencia que el momento exige, los venezolanos haremos lo que ya empezamos a hacer durante esta semana. Tomaremos el martillo con el que hoy removemos escombros para reconstruir nuestras ciudades. Y, cuando llegue el momento, también para derribar el muro político que desde hace veintisiete años impide que Venezuela vuelva a levantarse.

Ya ha sido demasiado.
[07-01, 3:26 a.m.] Ayer hablábamos de la insolente dirección y desgobierno de los ocupantes de Miraflores en la conducción del horrible desastre, de proporciones desconocidas por el mundo entero, sin precedentes, en un suelo ocupado por venezolanos que andan sin rumbo y que, poco a poco, están perdiendo su propósito de vivir.

Yo creo que estos desalmados, con 27 años de absoluto violación de nuestros derechos y propiedades, ya no están actuando como lo hacían antes, con ensañamiento y maldad, no, yo creo que además de eso, lo que están haciendo porque presiente que se les está acercando en fin de sus días. Se encuentran ante toda la opinión y presencia de miles de testigos internacionales, rescatistas y demás, que incluso han tenido que desafiar a Diosdado Cabello en persona, para imponer un poco de orden y decencia ante Dios y ante unos ciudadanos que aún esperan sacar a sus muertos y poder enterrarlos.

Es inaudito que las cifras oficiales de fallecidos reportadas son aun 1930 cuando la ONU está pidiendo diez mil bolsas plásticas para recoger los cadáveres que andan esparcidos por doquier sin nadie que los pueda tratar y procesar con dignidad.

La actuación de estos gobernantes, creo que motivada por su propio sentir de que las tablas que pisan ellos, también se les están tambaleando y próximas a colapsar.

Mientras tanto, el “Bien” sigue estando presente en todas partes con el firme propósito de ayudarnos en nuestra angustia y extrema necesidad. La reina de España acaba de dar la despedida, en el aeropuerto de Barajas, a casi cuarenta voluntarios que están viajando a Venezuela para la instalación de un hospital de campaña y así poder atender a los heridos.

Quizás estemos ante una posibilidad de heredar nuestra propia potestad y retomar las riendas de un país casi sin aliento que clama ser gobernado por sangre nueva.

Hágase la justicia que se merecen estos monstruos que aún nos preguntamos qué madre fue la que los parió. 

ARTICULOS VARIOS---DE INTERES ACTUAL.

 "Alcalde de Panamá" es tendencia porque luego de poner dispositivos rastreadores (AirTags) en la ayuda humanitaria que se envió desde su país a Venezuela, reveló que una parte de ella terminó en Maturin, Edo Monagas, a más de 500 km de distancia de la zona afectada.*


╰──⌲⫸ ●🇵🇦🇻🇪‼️ |  El alcalde de Ciudad de Panamá desató controversia tras afirmar en redes sociales que logró rastrear con un dispositivo tipo Apple el envío de ayuda humanitaria con destino a Venezuela.

●☞●☞Según su publicación, el seguimiento del cargamento habría revelado que parte de la asistencia no llegó a la zona inicialmente prevista, sino que terminó en Maturín, estado Monagas, lejos del área afectada por la emergencia.

●☞En tono sarcástico, el burgomaestre cuestionó la cadena de distribución y sugirió posibles irregularidades en el manejo de la ayuda, lo que generó una fuerte reacción en redes sociales y abrió debate político en torno al destino de la cooperación internacional.

🇸🇻🇻🇪⛑Contra todo pronóstico, la esperanza perdura ((🌎))

⿴⃟ٍࣽ⿴⃟ٍࣽ⿴⃟ٍࣽ⿴⃟ٍࣽ⿴⃟ٍࣽ⿴⃟ٍࣽ
⿴⃟ٍࣽDónde falta Gobierno Sobra Pueblo 🇻🇪 


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Mister President: No sume toneladas a la desgracia”
Soledad Morillo Belloso

Me controlo. Pero el control, a estas alturas, es como intentar sostener agua entre los dedos: se escurre, se rebela, se burla de mí. No hay un solo milímetro de mi cuerpo —ni de mi piel, ni de mis huesos, ni de esa zona secreta donde uno guarda lo que ama y lo que teme— que no duela. Todo está en indignación, en incendio, en ese temblor que no se ve pero que te desordena por dentro.

Tengo setenta años. He visto deslaves que parecían bestias bajando de la montaña con hambre de pueblo. He visto ríos crecer como si recordaran que eran dioses. He visto casas abrirse como libros rotos después de un terremoto. He visto madres buscando hijos entre barro, hombres cargando ancianos, comunidades reconstruyéndose con las uñas. Tragedias que marcaron generaciones y se volvieron cicatrices en la memoria nacional.

Pero jamás había visto un desastre donde el Estado se evaporara así, con esta frialdad que corta, con esta cobardía que ofende, con esta ausencia que pesa más que los escombros. Una cosa es la fuerza de la naturaleza. Otra es la renuncia del poder, el abandono deliberado, la indiferencia que se siente como una bofetada en pleno duelo. El Estado, que debería ser puente y refugio, se volvió sombra que se retira, que se esconde, que deja al pueblo desnudo. O que, peor, llega a impedir, a saquear. Como si en medio del derrumbe alguien hubiera apagado la luz y cerrado la puerta por dentro. Como si el país entero hubiera quedado huérfano.

Que no debe sorprendernos, me dicen. Y es cierto. Pero esa certeza duele más. Porque esto es la crónica de una tragedia anunciada. No es un rayo en cielo despejado. Es el resultado de años en los que fuimos escribiendo advertencias como quien deja migas de pan en un bosque que se está quemando.

Años alertando que estaban carcomiendo al Estado como termitas que trabajan de noche, silenciosas, invisibles. Años diciendo que cada institución se volvía cascarón, que cada estructura se vaciaba, que cada ministerio era ya sólo un nombre pintado en una puerta oxidada. Años viendo cómo el Estado se convertía en una fachada sostenida por alambres, una maqueta mal hecha que apenas servía para posar en cámara.

La carcoma no empezó ayer. Empezó cuando confundieron poder con propiedad. Cuando el Estado dejó de ser casa común y pasó a ser botín. Cuando la burocracia se volvió pantano donde todo se hunde: eficiencia, responsabilidad, urgencia, vida misma. Y nosotros insistimos. Escribimos. Gritamos. Documentamos. Dijimos que estaban desmontando las vigas maestras, serruchando las columnas, dejando al país sin huesos.

Y ahora, en medio del desastre, todo eso sale a flote. Porque lo que se cayó no fue sólo tierra, edificios o carreteras. Lo que se cayó fue el Estado mismo, ese que debería haber estado ahí, firme, respirando junto al pueblo. Pero no estaba. No está. Y no estará mientras sigan gobernando desde la soberbia y el afán de lucro delincuencial e inmoral.

Mister President Trump: se lo digo sin rodeos. No sume toneladas a la tragedia. No convierta un país herido en un país aplastado. No añada peso donde ya no queda aire.

Escuche a quienes están tratando de explicarle: a los técnicos que conocen la tierra, a los rescatistas que saben dónde está la vida, a los expertos que llevan años advirtiendo que el Estado venezolano estaba siendo carcomido desde adentro. Escuche a los estrategas que intentan explicarle que el escenario cambió y que su plan de tres fases no va más.

Lo que hoy vemos no es sorpresa. Es la consecuencia de una demolición lenta, metódica, anunciada. Y usted tiene en sus manos la posibilidad de no empeorar lo insoportable. No convierta la tragedia en espectáculo. No la use como moneda política. El tablero cambió.

Se lo digo con la voz de quien ha visto demasiados desastres y negligencias: no sume toneladas a la desgracia.



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El Barong Ket vs. La Behetría y Míster DT
Artículo de opinión
Héctor Simosa Rosales


Hugo Chávez logró convertir convenientemente el país en una especie de behetría, propia de las épocas medievales vividas en Europa. Sus obedientes seguidores han sido sumamente obstinados en mantener a toda costa vigente, floreciente, la behetría.

Esta maléfica obra social fue lograda mediante el empleo de enmiendas constitucionales, manipuladas con un revestimiento leguyerico de baja calaña, con el objetivo de afianzarse, de por vida, en el poder para huir, escapar y NO responder responsablemente ante la justicia, por lo infame de sus actuaciones gubernamentales.

Mientras, continúa la diatriba sin fin dentro de la oposición, en la búsqueda de un líder con características utópicas sobrenaturales, que organice y represente como un todo a la diáspora opositora para enfrentar al innombrable sistema opresor y depredador.

Dejemos de buscar, idealizando como en el folclore balinés, a un mítico Barong Ket, ese impoluto, justo y sabio líder que nos librará definitivamente del caos impuesto por el brujo Rangda (sabanetense aspirante a reyezuelo) en su paso por el territorio venezolano, devolviéndonos la calma, el orden, la paz y armonía a esta atribulada nación.

Los opositores no se han dado cuenta de que el narcochavismo tampoco tiene, según esa concepción, otro líder sustituto. Que el único “líder” fue el aspirante a dictador vitalicio. Los que le sucedieron solo se han refugiado en su nefasto legado, al mejor estilo político venezolano de la 4ª. República, empeorando la situación del venezolano.

Para colmos, Míster DT, trata de demostrar que tiene una sana intención dejando intacto el legado de Chávez, a pesar de ayudar con la captura del “narco líder encargado” y alivianar la situación política.
Mientras, míster DT trata de resolver un problema profundo. Para el común, pareciese una tarea fácil, ya que el problema fundamental a resolver es uno solo: desenmascarar, desinstalar, desnudar a esa atrabiliaria mescolanza político-ideológica que se denomina “chavismo”, con el objetivo de disminuir la nociva influencia que ejerce sobre un esperanzado sector de la  población, que vive de las migajas e ilusiones que reparten los hegemónicos de turno. Y que estas van a desaparecer una vez tengamos el orden jurisdiccional civil restituido y modernizado.

Para Míster DT, se le complica la tarea, ya que cree o le hacen creer sus ayudantes que no tiene a mano un líder verdadero, legítimo, adecuado, que esté debidamente preparado para asumir las riendas de esta behetría descarnada y distópica. Esto, pareciese ante los ojos de los venezolanos, una idea que no le conviene al míster DT, el tener, formar o aupar de alguna manera al líder a encargarse del gobierno. Idea que seguramente le proviene de una formación política tradicional en su país, y es asumida con terribles deformaciones o interpretaciones en el nuestro.

Trataré de explicar el anterior punto. Los políticos opositores venezolanos, aspirantes a ser el líder necesario, requerido, siguen aferrados al proceder ortodoxo manejado por las cúpulas (cogollitos) de los viejos partidos. Donde los candidatos son seleccionados o ungidos “digitalmente”. Esta operación, sin tomar en cuenta la preparación o méritos académicos y morales que se deben considerar para dirigir la nación y/o sus instituciones. Todo esto está basado en seleccionar, según un supuesto orden de antigüedad en el partido y por el derecho, asumido o heredado, que le ha llegado su turno de “liderar”. Aquí inferimos que no cabe la opción de apoyar incondicionalmente al nuevo líder surgido, así sea del resultado mayoritario de unas elecciones libres. Caso que nos ocupa en la actualidad.

Estos políticos NO se han adaptado a los nuevos tiempos. NO han entendido que la conciencia política del pueblo está cambiando de acuerdo con los tiempos, que está evolucionando, que está tomando nueva forma de participación. En pocas palabras, a estos devaluados políticos NO les da la gana de cambiar, de oír a la gente, de renovarse. NO se dan cuenta de que están labrando su propia destrucción política al mismo tiempo que están ayudando al chavismo a sembrar, a fomentar la anarquía, el odio, el resentimiento social como la nueva forma de hacer política.

Los sociólogos teóricos han pretendido imponer una especie de cartabón con las características esenciales de lo que es o debe ser un líder, y sus características conceptualmente hablando. Esas definiciones estereotipadas de vieja data ya NO aplican en forma cerrada en esta época. ¿Por qué? Sencillamente porque NO las han renovado, no las han adaptado a los modernos tiempos en que vivimos. Me disculpo de antemano si los sociólogos ya reinventaron el nuevo estereotipo y las reglas para identificarlo.

Insisto, NO existe ese líder idealizado y requerido por muchos. Esto es, no hay un Barong Ket. En su lugar, el papel de liderazgo ha pasado a ser interpretado individualmente por cada ciudadano consciente de sus deberes y obligaciones cívicas para con los suyos y la patria. Los líderes somos nosotros, cada uno de nosotros. Ya basta de pseudolíderes prefabricados por cúpulas partidistas, armados o NO a gusto del cliente según los libros contentivos de teorías caducas o sus interpretaciones particulares y oscuras de las cúpulas comunicacionales de los partidos.

Este papel de líder que debemos desempeñar en una u otra forma, abierta o por omisión, es producto justamente de la evolución de las comunicaciones modernas, de los mecanismos de educación masiva implícita en los mensajes transportados y difundidos por esos medios. Que al asimilar o analizar esos mensajes nos estamos adiestrando como líderes al tomar conciencia de nuestros deberes cívicos, morales. Y de la forma de hacer hincapié en la ejecución correcta de formular normas públicas.

Al asumir nuestro papel intrínseco de líder, debemos influenciar a Míster DT, formando una corriente de opinión fuerte, centrada en objetivos a resolver uno a la vez, de forma coherente, responsable, lógica, racional y fácil de entender para el pueblo venezolano y para los consejeros de Míster DT. Este proceder nos ayudará a evitar los atascos que se presentarán y a resolverlos satisfactoriamente para beneficio de todos, antes de elegir honesta y democráticamente el tan ansiado líder proveniente de unas elecciones libres y democráticas.